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REVISTA: Anales Venezolanos de Nutrición

NUMERO: Volumen 20, No. 1, Año 2007

TITULO: Transición alimentaria y nutricional. Entre la desnutrición y la obesidad

AUTORES: Alexander Laurentin, Mercedes Schnell, Juscelino Tovar, Zury Domínguez, Betty M. Pérez, Mercedes López de Blanco

RESUMEN: -

PALABRAS CLAVE: -

CONTENIDO: Notas

Anales Venezolanos de Nutrición 2007; Vol 20 (1): 47-52. 47

Transición alimentaria y nutricional. Entre la desnutrición y la obesidad

Nutrition transition. Amidst malnutrition and obesity

Alexander Laurentin1, Mercedes Schnell2, Juscelino Tovar1, Zury Domínguez2, Betty M. Pérez3 y Mercedes López de Blanco4

.

1 Instituto de Biología Experimental, Facultad de Ciencias, U.C.V.

2 Facultad de Medicina, U.C.V.

3 Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, Facultad de Ciencias

Económicas y Sociales, U.C.V.

4 Universidad Simón Bolívar y Fundación para la Alimentación y Nutrición

“José María Bengoa”.

Solicitar copia a: Alexander Laurentin, Apdo. 47248, Caracas 1041-A,

Venezuela. Correo-E: alexlaur@ciens.ucv.ve

Foro “Transición Alimentaria y Nutricional – Entre la

desnutrición y la obesidad”

El Foro “Transición Alimentaria y Nutricional – Entre la

desnutrición y la obesidad” fue realizado en la sede de la

Facultad de Ciencias de la Universidad Central de

Venezuela, en el marco de la LV Convención Anual de la

AsoVAC, el 22 de noviembre de 2005. Debido a la

necesidad de tener un espacio de encuentro

interdisciplinario e interinstitucional para el análisis,

reflexión y discusión de ideas; así como, para la

identificación e instrumentación de estrategias con

relación a la transición alimentaria y nutricional, la

Fundación para la Alimentación y Nutrición “José María

Bengoa” creó el Grupo de Trabajo en Transición

Alimentaria y Nutricional, el 11 de julio de 2005.

Este Foro constituye la primera actividad pública del Grupo

de Trabajo y tuvo como objetivo definir las implicaciones

de la transición alimentaria y nutricional. En Venezuela,

coexisten las dos caras de esta moneda: la desnutrición y

la obesidad. Debido a que el problema de la desnutrición

ha sido objeto de diversas discusiones y programas de

intervención, el foro se centró en los aspectos

epidemiológicos de la obesidad y del sindrome

metabólico.

I. Transición alimentaria y nutricional en países en

desarrollo

La mencionada actividad se inició con la ponencia titulada

“Transición nutricional: ¿Podemos proveer una respuesta

de salud pública?”, dictada por el experto mundial Barry

Popkin mediante videoconferencia desde la Universidad

de Carolina del Norte en Chapel Hill (Estados Unidos). El

expositor comenzó definiendo el fenómeno de transición

alimentaria y nutricional como una serie de cambios en

la dieta y en la composición corporal de la población que

están estrechamente asociados a cambios demográficos

y epidemiológicos. Esta transición, puede ser dividida en

cinco grandes patrones: (1) recolección de alimentos, (2)

hambruna, (3) desaparición de la hambruna, (4)

enfermedades degenerativas y (5) cambio de

comportamiento. En la actualidad, uno de los aspectos

de mayor interés en este campo es el tránsito desde el

patrón 3 hacia el patrón 4. En otras palabras, la

modificación de una dieta poco variada basada en

productos amiláceos, rica en fibra y pobre en grasa, hacia

una dieta rica en grasa, azúcar y alimentos procesados. A

esto se asocia un cambio en la estructura de la pirámide

poblacional, en la cual se pasa de una población

predominantemente joven, afectada por enfermedades

transmisibles, a una población con un incremento en el

porcentaje de adultos mayores y afectada, principalmente,

por las enfermedades no transmisibles asociadas a la

nutrición.

La conferencia estuvo basada en estudios realizados en

países de Asia, África, Oriente Medio y Latinoamérica;

además, se presentaron algunos contrastes entre los

patrones dietéticos de los Estados Unidos y los países en

desarrollo. El expositor mostró que el cambio en la dieta

ha sido dramático en los países con bajo y moderado

ingreso. Por ejemplo, el consumo de azúcar y otros

edulcorantes calóricos, le ha añadido entre 200 y 300

kcal/persona/día a la dieta de esas poblaciones durante

los últimos 25 años. En China, los adultos entre 25 y 45

años han incrementado el consumo energético en más

del 13% en el término de sólo 10 años. En general, el

consumo de alimentos de origen animal ha aumentado y

el consumo de frutas y vegetales ha disminuido.

Los cambios en la actividad física están menos

documentados, pero también han sido muy rápidos. Por

ejemplo, la fuerza laboral se ha desplazado del sector

agrícola y otras ocupaciones que demandan intensa

actividad física, al sector de servicios y empleos que

requieren un menor esfuerzo físico. Adicionalmente, la

modificación en el tipo de transporte utilizado y las

actividades realizadas durante el tiempo de esparcimiento,

disminuyen el gasto energético de los individuos.

Los cambios experimentados en la composición corporal

parecen estar ocurriendo aun más rápidamente. Un

estudio longitudinal en adultos entre 20 y 45 años

48 Anales Venezolanos de Nutrición 2007; Vol 20(1): 47-52.

Laurentin et al.

realizado en China en el año 1989, mostró que el

sobrepeso se duplicó en mujeres y se triplicó en hombres

durante un periodo de sólo 11 años. Para el año 2002, el

porcentaje de sobrepeso (12% – 38%) y de obesidad (2% –

32%) en los países en desarrollo fue variable pero, en

general, fue alto. En Latinoamérica, el sobrepeso osciló

entre 25% – 35% y la obesidad entre 7% – 25%. Los países

latinoamericanos, particularmente México, mostraron una

de las más altas tasas de incremento anual en la frecuencia

de sobrepeso y obesidad del mundo.

El conferencista presentó varios aspectos muy novedosos.

Uno de los más llamativos fue en relación a la aparición

de la obesidad en adultos y niños. Datos muy recientes

sugieren que el aumento en la frecuencia de obesidad en

los adultos ocurre antes de la aparición del incremento

de obesidad en los niños. También destacó la enorme

diversidad encontrada en la ingesta de alimentos de niños

y adolescentes al analizar los cambios en el patrón de

consumo en la población de 2 – 19 años en Estados

Unidos, Rusia, China y Filipinas. Este estudio demostró

que los jóvenes estadounidenses y filipinos consumen

diariamente alimentos preparados fuera del hogar, los

cuales proporcionan más de un tercio de las calorías totales

de la dieta. En contraste, el consumo de alimentos

preparados fuera del hogar fue mínimo en los jóvenes rusos

y chinos.

Un aspecto interesante de la conferencia destacó que el

efecto de la transición ya no puede ser considerado como

un comportamiento exclusivo de las poblaciones de alto

nivel socioeconómico, por el contrario, está apareciendo

en las poblaciones de bajos recursos económicos, tanto

en áreas urbanas como rurales. Estudios en Brasil

mostraron que la obesidad aumentó (6,6% – 15%) en

forma considerable y continua, desde 1975 hasta 1997,

en las mujeres más pobres que viven en la región más

desarrollada del país. En contraste, las mujeres de mayor

nivel de ingreso económico de la misma región, tuvieron

un aumento de obesidad (9,1% – 13%) entre 1975 y 1989,

seguido de una disminución (13% – 8,2%) entre 1989 y

1997. Al comparar los patrones globales de peso en

adultos, entre 1992 y 2000, se encontró que el sobrepeso

fue mayor que el déficit de peso, particularmente en

mujeres, en la mayoría de las áreas urbanas y en muchas

áreas rurales de 36 países.

El expositor señaló las principales causas que pueden

haber ocasionado los cambios mostrados en los países en

desarrollo: (a) disminución a largo plazo en el costo de

los alimentos, particularmente en los últimos 15 años; (b)

incremento en la urbanización, (c) globalización de la

producción, el mercadeo y la distribución de los alimentos

(como el de las bebidas gaseosas y la comida rápida); (d)

aumento en las innovaciones tecnológicas que afectan

negativamente el gasto energético en el trabajo, el

transporte y durante el tiempo de esparcimiento; (e)

expansión de los medios masivos de comunicación, y (f)

inequidades relacionadas con la infraestructura y servicios

ofrecidos a la comunidad.

Para concluir, Popkin enfatizó que la prevención es la

única vía factible para combatir las enfermedades no

transmisibles asociadas a la nutrición, ya que los costos

de tratamiento y manejo de esas enfermedades

representarían un enorme peso sobre la economía de los

países en desarrollo. No obstante, el reto está en

implementar las políticas nacionales y globales que

pudieran disminuir o detener los efectos nocivos de la

transición alimentaria y nutricional. De crucial

importancia para esta agenda son los cambios en la

política alimentaria, como el precio de los alimentos, la

regulación del etiquetado, el mercadeo, los comedores

escolares; así como también, los cambios que afecten el

estilo de vida de la población, tales como la educación

física en las escuelas, el modo de transporte, las opciones

para el tiempo libre y la actividad física, entre otros.

II. Aspectos clínicos y fisiopatológicos del sindrome

metabólico

El Foro continuó con la sesión titulada “Aspectos clínicos

y fisiopatológicos del sindrome metabólico”. Para iniciar

la sesión, Mercedes López de Blanco de la Universidad

Simón Bolívar y la Fundación para la Alimentación y

Nutrición “José María Bengoa”, presentó la iniciativa que

tuvo esta Fundación para la creación del Grupo de Trabajo

en Transición Alimentaria y Nutricional. Luego, Carlos

Carrera Boada del Centro Médico Docente La Trinidad y

la Asociación Venezolana para el Estudio de la Obesidad

(AVESO), nos habló sobre “Obesidad y sindrome

metabólico – criterios”. La primera reflexión del ponente

versó sobre la evolución del Homo sapiens desde la era

paleolítica hasta nuestros días. En el paleolítico, para

conseguir alimentos el hombre necesitaba realizar una

enorme actividad física diaria, a diferencia de la época

actual cuando el progreso tecnológico y la

industrialización permiten almacenar alimentos y tenerlos

“a mano” para su preparación y consumo. A principios

de los años sesenta, se propone que la interacción entre

los ciclos de actividad física y los procesos metabólicos

ocurridos en el hombre del paleolítico, favorecieron la

selección de un genotipo ahorrador; es decir, un conjunto

de genes que aseguran la maquinaria enzimática capaz

de generar una buena reserva de glucógeno muscular y

de triglicéridos en el tejido adiposo, que son requeridos

para sobrevivir en un hábitat hostil. Esta dotación genética

debió enfrentar hace menos de 200 años un patrón distinto

de disponibilidad de alimentos. Con la industrialización

Anales Venezolanos de Nutrición 2007; Vol 20 (1): 47-52. 49

Transición alimentaria y nutricional. Entre la desnutrición y la obesidad

aparecen alimentos en abundancia, que además se

caracterizan por poseer una alta densidad calórica y un

bajo contenido en fibra dietética, y al mismo tiempo la

actividad física deja de ser un factor esencial para

conseguir estos recursos. El consumo calórico aumentado

y la presencia de genes ahorradores que permiten el uso

eficiente de esta energía, pueden explicar el aumento de

peso y la predisposición a la aparición de enfermedades

crónicas no transmisibles como la obesidad, la diabetes

mellitus tipo 2 y el sindrome metabólico. Diferentes

estudios epidemiológicos realizados en grupos con

genotipo ahorrador, como los indios Pima en

Norteamérica, aportan evidencias que sustentan esta

hipótesis.

El conferencista comentó que tanto el sobrepeso como la

obesidad se caracterizan por un aumento en la

acumulación de tejido adiposo que favorece el aumento

del peso corporal. Además, señaló que el indicador de

obesidad mundialmente reconocido es el índice de masa

corporal (IMC), pero que el incremento de la

circunferencia abdominal también podría ser usado como

indicador de obesidad. El riesgo a desarrollar el sindrome

metabólico aumenta a medida que aumenta el IMC y es

mayor si la circunferencia abdominal es superior a los

puntos de corte determinados para cada población. Incluso

cuando el peso corporal es normal, el riesgo de

enfermedad se considera de leve a moderado si la

circunferencia abdominal es superior a los puntos de corte.

El expositor resaltó como un aspecto fundamental la

relación que existe entre la distribución corporal del tejido

adiposo y la aparición del sindrome metabólico. La

acumulación de tejido adiposo en la región

viscero-abdominal (topografía androide) se asocia a la

aparición de esta patología; mientras que, la acumulación

del tejido adiposo en el tejido subcutáneo glúteo-femoral

(topografía ginecoide) no coadyuva a la aparición del

sindrome. Esto se debe a que el tejido adiposo de la región

intra-abdominal posee una elevada actividad lipolítica que

aumenta el flujo de ácidos grasos libres en plasma. Por lo

tanto, aumentan los sustratos para la síntesis hepática de

lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL) que son muy

ricas en triglicéridos y, en el músculo, se disminuye la

captación de glucosa. Además, no se inhibe eficazmente

la producción hepática de glucosa; lo cual conduce a un

incremento de la glucemia que estimula la secreción de

insulina, pudiendo provocarse hiperinsulinismo.

El sindrome metabólico (conocido a lo largo del tiempo

como sindrome de Reaven, sindrome X, cuarteto de la

muerte, sindrome de resistencia a la insulina, sindrome

cardiovascular dismetabólico o sindrome plurimetabólico)

se caracteriza por la presencia simultánea de un conjunto

de factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y/o

diabetes mellitus tipo 2. El criterio diagnóstico del

sindrome metabólico ha ido variando a lo largo de tiempo.

En el año 2005, la “International Diabetes Federation”

propuso que el sindrome metabólico se puede diagnosticar

cuando se presenta obesidad abdominal (circunferencia

abdominal elevada o IMC > 30 kg/m2) acompañada de

dos de los siguientes cuatro factores de riesgo: (a) presión

arterial = 130/85 mm Hg, (b) triglicéridos = 150 mg/dL

(1,7 mmol/L), (c) colesterol-HDL < 50 mg/dL (1,29 mmol/

L) en mujeres, < 40 mg/dL (1,03 mmol/L) en hombres, y

(d) glucemia 100 mg/dL (5,6 mmol/L). Es evidente que

para hacer el diagnóstico del sindrome metabólico es

indispensable la presencia de obesidad abdominal; sin

embargo, se propone el uso del IMC porque es sencillo

de medir. Los puntos de corte para la circunferencia

abdominal propuestos por la “International Diabetes

Federation” (88 cm para la mujer y 102 cm para el hombre)

son válidos para la población norteamericana.

Actualmente se está trabajando para establecer los valores

adecuados para Latinoamérica; sin embargo, las

evidencias sugieren usar los puntos de corte de la

población sur asiática (80 cm para la mujer y 90 cm para

el hombre). El conferencista también destacó el hecho

que la resistencia a la insulina no se propone como criterio

diagnóstico del sindrome metabólico.

Para finalizar su conferencia, Carrera Boada resaltó la

importancia del diagnóstico del sindrome metabólico,

pues su presencia en un paciente indica un alto riesgo

para el desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 y/o

enfermedad cardiovascular y aún cuando no estén

presentes todos los criterios para diagnosticarlo, es un

alerta para mantener la vigilancia del paciente.

En la segunda parte, Zury Domínguez de la Universidad

Central de Venezuela, en su ponencia “Delgadez – Sus

implicaciones en la obesidad y sindrome metabólico”,

comenzó enfatizando que el peso corporal del adulto y,

en particular, la masa de tejido adiposo son el resultado

de la interacción entre factores genéticos y ambientales.

El exceso de calorías consumidas en forma aguda, ejemplo

de un factor ambiental, conduce a un aumento del gasto

energético (termogénesis facultativa) lo que permite

mantener el peso, pero si el exceso de calorías se prolonga

en el tiempo, hay un reajuste a un nuevo peso corporal

mayor. Los factores genéticos incluyen a genes

relacionados tanto con las vías de síntesis y degradación

de triglicéridos como los involucrados en la proliferación

y diferenciación de los adipocitos. Como resumen se

puede decir que a priori, poseer una carga genética que

propenda a la delgadez es un factor de protección contra

la obesidad y el sindrome metabólico.

50 Anales Venezolanos de Nutrición 2007; Vol 20(1): 47-52.

Laurentin et al.

La expositora resaltó que, dada la importancia que tiene

la obesidad en el progreso del sindrome metabólico, es

fundamental conocer el proceso de desarrollo de la célula

adiposa; el cual comienza durante la vida fetal y continua

en la fase post-natal. En este periodo, el número de

adipocitos aumenta rápidamente hasta los 2 años de edad

y continúa en aumento, pero más lentamente, entre los 8

y 18 años. En contraste, si la ingesta calórica es adecuada

el tamaño de la célula adiposa aumenta hasta los 2 años

de edad y es capaz de mantenerse a través de toda la

vida, lo cual indica que la masa del tejido adiposo es

regulada dentro de límites muy estrechos, alrededor del

denominado punto de ajuste. En este sentido, se ha

demostrado experimentalmente que si individuos adultos

sanos son sometidos a ayuno o a dietas de alta densidad

calórica, ellos regresan espontáneamente a su peso inicial,

una vez cesado el tratamiento. Estos mecanismos de

regulación del peso corporal están controlados por el

sistema nervioso central. Por ejemplo, la disminución de

la masa adiposa (durante el ayuno) disminuye la

concentración de leptina e insulina circulantes y estimula

la secreción de grelina. Estas hormonas poseen receptores

en el núcleo arcuato del cerebro donde estimulan las vías

neuronales que conducen a la represión del centro de la

saciedad y estimulación del centro del hambre.

La conferencista retomó la hipótesis del genotipo

ahorrador, ya esbozada por Carrera Boada, como una

posible causa de la disfunción en la regulación de la masa

adiposa y, además, habló de la otra cara de la moneda, el

denominado fenotipo ahorrador. A principios de los años

noventa, se introdujo la hipótesis del fenotipo ahorrador,

la cual plantea que la subnutrición, tanto intrauterina como

infantil, especialmente la malnutrición proteica, afecta

adversamente el desarrollo y la función pancreática. La

subnutrición intrauterina se caracteriza por un bajo peso

para la edad gestacional (bajo peso al nacer) y conlleva a

una alteración en el desarrollo de los islotes de Langerhans,

los cuales son de menor tamaño con menor número de

células â, menos vascularizados y contienen menor

cantidad de insulina. Estas condiciones modifican, de

forma irreversible, la programación celular en cuanto al

gasto energético y a la secreción de insulina. Se propone

que esta re-programación in utero explicaría la aparición

de la mayor parte de la obesidad, el sindrome metabólico

y la diabetes mellitus tipo 2 en un adulto que nació con

bajo peso para la edad gestacional y que luego ha sido

expuesto a un ambiente de abundancia en alimentos,

como las comunidades que enfrentan el proceso de

transición alimentaria y nutricional.

Para finalizar su exposición, Domínguez resaltó que el

intestino, los islotes de Langerhans, los elementos de la

vasculatura portal e incluso, el tejido adiposo de la región

viscero-abdominal se comunican con el sistema nervioso

central a través de vías neuronales y endocrinas. Esas

señales que reflejan, entre otras, las reservas de energía y

el estado nutricional reciente son integradas en el sistema

nervioso central, especialmente en el hipotálamo, para

coordinar la ingesta y el gasto de energía. La comprensión

cabal de los sistemas reguladores está progresando

rápidamente, particularmente después del descubrimiento

de la leptina.

III. Epidemiología de la obesidad y del sindrome

metabólico

El Foro finalizó con la sesión titulada “Epidemiología de

la obesidad y del sindrome metabólico”. En la primera

ponencia “Espectro latinoamericano y venezolano de la

obesidad y del sindrome metabólico”, Imperia Brajkovich

de la Universidad Central de Venezuela y del Grupo

Latinoamericano para el estudio del sindrome metabólico

y la obesidad (GLESMO), comenzó por recalcar que

durante la evolución humana se ha pasado del carácter

recolector–cazador, que llevó al desarrollo del genotipo

ahorrador, a una situación de industrialización y

abundancia de comidas altas en grasas y azúcares

refinados; lo cual nos coloca frente a una epidemia de

obesidad y sindrome metabólico, que ya está presente en

la población de niños y adolescentes en Latinoamérica y,

por ende, Venezuela. Esto es de tal importancia, que ya

las enfermedades infecciosas dejaron de ser la principal

causa de mortalidad en la región, desplazadas por los

trastornos cardiovasculares.

En este contexto, en Latinoamérica destaca el alto

consumo de bebidas industrializadas (refrescos) y el

sedentarismo, este último con niveles de 72% – 85%. La

prevalencia de obesidad por su parte, osciló entre 29% y

42% en adultos y entre 12% y 15% en niños, mientras

que el sobrepeso en adultos se ubicó entre 52% y 62% y

en niños entre 22% y 32%; la prevalencia del sindrome

metabólico fue de 26% a 38%. Esto ha originado altas

cifras de diabetes y se estima que para el año 2025, se

registre un incremento de 88% en los países

latinoamericanos. Por otro lado, en Venezuela todavía

hay pocos estudios, pero ASCARDIO (en Lara) y

PRECARDIO (en Monagas), con una muestra de 16.830

encuestados en el 2003, estimaron una prevalencia de

obesidad entre 20% y 28% según la región, y de sobrepeso

entre 32% y 36%. Otro factor de riesgo evaluado fue el

sedentarismo, el cual llegó a 75%.

La conferencista señaló que no hay trabajos en la región

que propongan la medida adecuada de circunferencia

abdominal. Es por esto, que en febrero del 2005, se

conformó el Grupo Latinoamericano para el estudio del

sindrome metabólico y la obesidad (GLESMO), que

Anales Venezolanos de Nutrición 2007; Vol 20 (1): 47-52. 51

Transición alimentaria y nutricional. Entre la desnutrición y la obesidad

incluye a Venezuela y otros siete países de la región, con

el fin de determinar la medida de la circunferencia

abdominal a emplear para la evaluación del sindrome

metabólico en la población latinoamericana. Actualmente,

al aplicar los criterios diagnósticos de sindrome metabólico

recién propuestos por la “International Diabetes

Federation” y descritos por Carrera Boada en su ponencia,

se utiliza la medida de circunferencia abdominal para la

población sur asiática: 80 cm para la mujer y 90 cm para

el hombre.

Para finalizar su ponencia, Brajkovich señaló que en el

estudio INTERHEART, que evaluó factores de riesgo

atribuibles a infarto al miocardio, participaron cuatro

países de América del Sur. El estudio demostró que en

estos países existen los mismos factores de riesgo (fumar,

baja ingesta de frutas y verduras, sedentarismo,

hipertensión arterial, obesidad abdominal y dislipidemia)

que en los países desarrollados. El problema es la

diferencia que representa para nuestros países el hecho

de no tener los recursos para enfrentar esta epidemia.

La sesión incluyó también tres presentaciones cortas de

resultados originales obtenidos en Venezuela. Vivian

Núñez de Sansón del Centro de Atención Nutricional

Infantil de Antímano (CANIA) presentó cifras sobre la

“Obesidad infantil y sindrome metabólico” de una

parroquia de Caracas. Entre enero de 2000 y septiembre

de 2005, se evaluaron 328 niños y adolescentes de 2 a 17

años, con diagnóstico de sobrepeso u obesidad, con

Acantosis nigricans y/o antecedentes familiares de

diabetes. Fueron seleccionados 160 pacientes (95

hembras, 65 varones) por presentar criterios diagnósticos

de intolerancia a la glucosa, según la Organización

Mundial de la Salud (OMS), y resistencia a la insulina y/o

hiperinsulinismo, utilizando el “homeostatic model

assesment” (HOMA-IR). El 99% presentó resistencia a la

insulina y/o hiperinsulinismo, intolerancia a la glucosa:

3,7%, hipertrigliceridemia: 60%, colesterol–HDL menor

que el percentil 5: 59% e hipertensión arterial: 8%. En 74

de los 160 pacientes se diagnosticó el sindrome metabólico

según los criterios de la OMS; la prevalencia por grupo

de edad fue: 55% en el grupo de 10 a 14 años, 41% en

niños de 6 a 10 años, 2,7% en jóvenes = 15 años y 1,3%

en niños de 2 a 6 años. El 50% correspondieron a obesidad

grave, 47% a obesidad moderada y 3% a obesidad leve.

Esta información lleva a la conclusión que el sindrome

metabólico es frecuente en niños y adolescentes obesos

de Antímano, Caracas, y su prevalencia se incrementa

con la severidad de la obesidad.

En la ponencia titulada “Alteraciones metabólicas en niños

y adolescentes de la ciudad de Maracaibo”, Luz Marina

Morales de la Universidad del Zulia comentó la alta

incidencia de diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad

cardiovascular a nivel mundial, que ha conducido a darle

prioridad al análisis de los factores de riesgo para estas

enfermedades en niños y adolescentes. Entre dichos

factores se cuenta la resistencia de las células a la acción

de la insulina y los trastornos asociados a ella. Asimismo,

factores genéticos unidos al sedentarismo y el consumo

de dietas ricas en energía, contribuyen a la aparición de

la obesidad. La hiperinsulinemia se emplea como un

marcador bioquímico de resistencia a la insulina y está

relacionada con el desarrollo y mantenimiento del exceso

de adiposidad. Un estudio inicial en Maracaibo demostró

que 37% de adolescentes con un IMC de 21,5 kg/m2

presentaron niveles altos de insulina, HOMA-IR,

triglicéridos, presión arterial sistólica y diastólica;

comparados con los adolescentes delgados

normoinsulinémicos. Luego se encontró que en los

adolescentes de la región con IMC = 21 kg/m2, coexistían

factores de riesgo (hiperinsulinemia, hiperleptinemia y

disminución de la hormona de crecimiento), lo cual se

relaciona con marcadores de obesidad (IMC e índice de

obesidad), alteraciones lipídicas y resistencia a la insulina).

Recientemente, un estudio demostró que un alto

porcentaje de habitantes entre 7 y 15 años presentó

hiperinsulinismo, resistencia a la insulina y alteraciones

de la secreción de insulina. Según estos resultados los niños

y adolescentes con estado nutricional normal de

Maracaibo presentan alteraciones metabólicas que

incrementan el riesgo para la aparición temprana de

diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad cardiovascular.

Finalmente, en la intervención titulada “Componentes del

sindrome metabólico en tres poblaciones de los andes

venezolanos”, Elsy Velázquez–Maldonado de la

Universidad de Los Andes recalcó que dado que los

criterios de la OMS imponen la concurrencia de al menos

tres componentes para definir el diagnóstico del sindrome

metabólico, el grupo se propuso evaluar la frecuencia de

los marcadores de este sindrome en una muestra de

población obtenida en tres pueblos de los andes

venezolanos en el año 2001. Para ello se manejó una

muestra de 304 sujetos (227 mujeres, 77 hombres; entre

20 y 70 años) reclutados en un programa de pesquisa de

factores de riesgo cardiovascular en las poblaciones de

Lagunillas (33%), Ejido (36%) y Mucuchíes (31%). La suma

de frecuencia de obesidad y sobrepeso, indicó que el 76%

mostró un IMC > 25 kg/m2. La co-ocurrencia de

marcadores del sindrome metabólico indicó que los sujetos

con obesidad y sobrepeso tenían tres o más marcadores

metabólicos comparados con individuos de peso normal

(21%, 16% y 4%, respectivamente). Se concluyó, que los

componentes del sindrome metabólico se encuentran

presentes con una alta frecuencia en las poblaciones

merideñas estudiadas y su expresión clínica varía de una

52 Anales Venezolanos de Nutrición 2007; Vol 20(1): 47-52.

Laurentin et al.

región a otra, por lo que se advierte que estos resultados

no pueden ser directamente extrapolados a la población

venezolana.

De la presentación y discusión de las distintas ponencias,

quedó claro que en Venezuela no se utilizan criterios

homogéneos para la evaluación y diagnóstico del sindrome

metabólico, particularmente cuando se trata de los puntos

de corte utilizados en niños y adolescentes. Esto hace

indispensable la búsqueda de consenso que permita una

valoración homogénea de la prevalencia del problema a

nivel nacional. El Grupo de Trabajo en Transición

Alimentaria y Nutricional de la Fundación para la

Alimentación y Nutrición “José María Bengoa”

emprenderá las acciones para lograr este consenso. El

Foro también hizo evidente que la epidemia de obesidad,

sindrome metabólico y diabetes mellitus tipo 2 en

Latinoamérica y particularmente en Venezuela, debe ser

objeto de la atención y preocupación de todos, pues la

prevención es la única vía factible para combatir las

enfermedades no transmisibles asociadas a la nutrición.