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REVISTA: Anales Venezolanos de Nutrición

NUMERO: Volumen 21, No. 2, Año 2008

TITULO: Significación social del hambre en América Latina

AUTORES: José María Bengoa

RESUMEN: -

PALABRAS CLAVE: Significación; social; hambre; América; Latina

CONTENIDO: 110 Anales Venezolanos de Nutrición 2008; Vol 21 (2): 110-112.

Síntesis

Significación social del hambre en América Latina

The social significance of hunger in Latinamerica

José María Bengoa1

1. José María Bengoa. Hambre cuando hay pan para todos.Síntesis de

los capítulos I, II y III. Caracas: Ex Libris, 2000

Solicitar copia a: José María Bengoa. fundacionbengoa@cantv.net

Significación social del hambre

Las actitudes del ser humano ante el hambre fisiológica

van cambiando a través de su desarrollo biológico. Mujalli

de Sivira señala que el hambre, ligada al origen de la vida

y como parte de la lucha por la supervivencia, puede llegar

a la agresividad y violencia: se mata por hambre; un

animal mata a otro para sobrevivir. La misma autora destaca

que el instinto del hambre se instala desde ante del

nacimiento y que la relación madre niño en los primeros

meses de vida más afectiva es por necesidad vital. A partir

de los cuatro meses aproximadamente surgen los procesos

de separación e individualización y surgen conflictos:

en el momento del destete. La autonomía del niño

surge con la marcha, con la capacidad de andar.

Más complejo aún es el análisis del término «hambre» en

el área de los estudios sociales. Siempre ha existido un

cierto prejuicio, sobre todo el área de la salud, en utilizar

este término y se ha preferido emplear expresiones estrictamente

médicas, como desnutrición, marasmo

nutricional, caquexia nutricional, inanición, consumpción,

entre otros, que reflejan estados patológicos de sujetos

afectado por hambre, pero que no expresan la condición

extrema de una población afectada de una rigurosa penuria

alimentaria.

Al menos en América Latina el primero que se atrevió a

llamar a la desnutrición social «hambre» fue Josué de

Castro, autor brasileño que publicó varios libros como los

títulos de geografía del hambre; geopolítica del hambre,

el libro negro del hambre, y otros. El mismo diccionario

de la R.A.E. acepta el término de «hambruna» para reflejar

las condiciones extremas de penuria alimentaria de

poblaciones. “Hambre o extrema» dice R.A.E, pero se olvida

mencionar que la expresión debe referirse a poblaciones

y no a individuos.

Socialmente hay necesidad pues de ajustar el término

«hambre» a situaciones de penuria grave de alimentos en

grupos de población e incluso de países o continentes.

El hambre social es un fenómeno tan complejo que solamente

un enfoque ecológico puede permitir comprender

el conjunto de factores involucrados en su aparición social.

Por este motivo el número de disciplinas que están

interesadas en este campo ha ido aumentando progresivamente.

Durante los últimos 25 años hemos observado

el interés que ha despertado el tema en el agrónomo, el

economista, el sociólogo, el educador, el planificador y

hasta en el político. Ello ha contribuido a ampliar enormemente

el campo de la nutrición y por ello es difícil que

una sola persona o disciplina cubra toda la gama de la

problemática nutricional. Debido a esto, el trabajador en

salud pública se ha visto obligado a extender la perspectiva

y el enfoque de los problemas nutricionales.

En el pasado la atención estuvo centrada en las enfermedades

carenciales específicas mientras la condición subyacente

de la población - la desnutrición global crónica -

fue considerada como característica normal de las comunidades,

característica que no era digna de mucha atención

o carecía de importancia. A medida que las enfermedades

carenciales empezaron a ser menos prevalentes

la atención fue cambiando y gradualmente se comprendió

mejor el significado de ese estado general. Esta desnutrición

crónica es el factor predisponente más importante

de las formas graves tales como el Kwahiorkor y el

marasmo nutricional, y es también el factor determinante

del curso de muchas enfermedades infecciosas.

En la mayoría de los países en vías de desarrollo, dos, tres

o cuatro productos básicos proporcionan de 60 a 80% de

las calorías. La naturaleza de estos alimentos generalmente

determina el tipo y la gravedad de la malnutrición en un

país. No se puede dejar de insistir en que cuando un número

limitado de alimentos proporciona la mayor cantidad

de calorías, el valor nutritivo de estos alimentos es de

importancia crucial.

La distinción es importante ya que el descenso de la tasa

de mortalidad no significa necesariamente que los sobrevivientes

estén bien. Si los factores sociales condicionantes

permanecen sin modificar se debe esperar encontrar muchos

niños desnutridos crónicos. Estos podrían ser esos

niños entre 6 y 7 años, que están comenzando la escuela,

y quienes debido a su desarrollo físico, parecen no tener

más de 4 años. Estos niños, y aquí es donde está la tragedia,

no son comparables en su conducta, ni en su psicología,

ni en su capacidad para el aprendizaje a otros niños

de su misma edad, pero tampoco son comparables

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Significación social del hambre en América Latina

a los niños de 4 años de edad. Son seres distintos, con sus

propias características biológicas y de conducta y una organización

inter-sensorial difícil de clasificar estrictamente

dentro de un grupo de edad cronológico.

Naturalmente hay razones sociales y educacionales, tales

como la escasez de escuelas y maestros y la necesidad de

emplear a los niños en los trabajos agrícolas, pero también

debería ser considerado el posible papel de otros factores

relacionados con el desarrollo funcional del niño.

El efecto de la malnutrición sobre el rendimiento en el

trabajo y la productividad es de gran importancia en toda

la población, y no solamente en los grupos susceptibles a

las formas graves. Las poblaciones que confrontan bajos

consumos de alimentos pueden «adaptarse» a esta situación

ya sea por una disminución en el tamaño y peso corporal

o por disminución voluntaria en la actividad física o

por cambios en la composición corporal a fin de disminuir

la tasa del metabolismo basal, esta tiene sin embargo

repercusiones en términos de la productividad, en los lugares

donde el trabajo manual es la norma.

América Latina

El mito de los promedios.

Existen como hemos visto, en los promedios nacionales

diferencias de cierta consideración entre los países de

América Latina. Pero sería una gran ingenuidad pensar

que dichos promedios reflejan la situación social real. Hay

cierta complacencia en algunos países en mostrar sus cifras

de desarrollo como promedios nacionales y demostrar

así el mejoramiento de los indicadores económicos,

de educación, de salud, etc. Aunque la mejoría es evidente

no se presta la debida atención al hecho de que

dichos índices promedio enmascaran la realidad social

en que viven las poblaciones. Los promedios nacionales

pueden tener un valor en países de gran homogeneidad

social, donde apenas existen diferencias en los índices de

desarrollo entre unas clases y otras, pero en los países de

América Latina, los promedios esconden la realidad. En

Estocolmo en los años 1918-20 la mortalidad de los niños

de 1 a 11 meses de edad era 8,5 veces, más alta en la

población de más bajos recursos que en la social de mayores

ingresos. La mortalidad fetal y neofetal era 2,5 más

alta en la primera con relación a la segunda. Hoy en

Estocolmo no hay diferencias en los índices señalados,

entre las distintas clases sociales. ¿No es acaso este el mejor

indicador del progreso de una nación?.

En América Latina no tenemos datos fehacientes sobre la

mortalidad y otros índices en diversas clases sociales, pero

las diferencias deben ser notables. Aún con cifras e índices

relativamente elevados en el promedio nacional, se

puede estimar que las clases marginales tiene índices dos,

tres y más veces mayores que las clases de más altos recursos.

Varios países en América Latina tienen hoy índices

de mortalidad infantil entre 10 y 70 por mil nacidos

vivos. No es aventurado afirmar que en esos promedios

hay grupos sociales con índices de 5 a 10 por mil, y grupos

marginales con índices de 150 a 200 por mil que

constituyen diferencias extremamente grandes. En Venezuela

por ejemplo, Evans Meza, encontró que la mortalidad

infantil era tres veces mayor en un barrio popular de

Caracas (Petare) que en una zona residencial (Chacao).

Es cierto que los cambios ocurridos en los últimos cincuenta

años no se han debido al mejoramiento de las

condiciones de vida (pobreza) sino más bien, a los avances

tecnológicos de la medicina, sobre todo a las nuevas

drogas (antibióticos), pero aun así el progreso alcanzado

ha sido evidente. Las formas graves del síndrome

pluricarencial (kwashiorkor) han disminuido de forma

notable. Hace cincuenta años puedo recordar haber visto

un hospital infantil en una isla del Caribe, donde había

dos niños con kwashiorkor en cada cuna. Eso ha pasado

a la historia.

El sustrato social Latinoamericano.

Hoy en América Latina varios países tienen un desarrollo

medio aceptable, con bolsones minoritarios de pobreza,

mientras que en el resto de los países domina una pobreza

estructural en la mayoría de la población, con apenas

una minoría de clase afluente. Se pueden identificar como

las áreas más deprimidas las del nordeste de Brasil; el

altiplano andino y varios países centroamericanos y del

caribe, áreas donde la desnutrición es todavía frecuente.

Según la CEPAL entre 1980 y 1990 el número de pobres

se duplicó en América Latina, tendencia que ha continuado

a lo largo de los noventa. En la mayoría de los

países de la región el porcentaje de hogares pobres es

más alto hoy que a los finales de los años setenta.

Es evidente la mayor vulnerabilidad de los pobres a las

enfermedades, pero se da un hecho, aparentemente paradójico,

y es que el aumento de la pobreza en América

Latina, no ha correspondido un aumento de la desnutrición

grave, sino lo contrario. No es fácil dar una explicación

a esta paradójica situación. En primer lugar habría

que señalar que tanto la pobreza como la desnutrición

son términos un tanto indefinidos, y que para determinar

sus limites se adoptan «puntos de corte» cuya gradación

es fundamentalmente empírica. Por lo tanto solo en el

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Bengoa

ámbito experimental podría establecerse correlaciones

más precisas. De hecho la pobreza estructural conduce a

una deficiencia nutricional leve o moderada y son los factores

precipitantes (infecciones, etc) los que son responsables

de las formas graves. La pobreza ha aumentado en

América Latina pero las infecciones han disminuido. Eso

explicaría en parte lo que ocurre en la Región. No obstante

habría que considerar también tanto la «adaptación

social» como la «adaptación fisiológica», ante situaciones

críticas del ser humano.

Son varios los mecanismos por los cuales la familia pobre

se defiende para obtener la energía necesaria en épocas

de crisis. Por lo general el instinto lleva a la familia pobre

a seleccionar los alimentos de mayor rendimiento energético

con el mínimo gasto. El cambio de estructura de la

dieta es un mecanismo que la familia pobre realiza con

gran habilidad. El deterioro biológico, y la desnutrición

grave ocurren en casos de pobreza extrema y por lo general

en casos de marginalidad social grave.

En el segundo mecanismo sería el de la «adaptación fisiológica

» al subconsumo calórico, a través de una disminución

del ritmo del crecimiento de los niños (talla baja);

unida a una disminución de la actividad física, así como

a cambios en la composición corporal.

La lucha contra la pobreza exige, obviamente, un enfoque

integral socioeconómico, pero también una acción

especifica de acuerdo a los distintos tipos de pobreza.

Son muy distintas las características de la pobreza del

anciano o del pensionado, o la de la joven mujer abandonada,

madre prematuramente. Son pobrezas distintas que

exigen acciones diferentes. Tampoco es igual la pobreza

de una familia con el padre enfermo o la pobreza derivada

de un número excesivo de hijos. Son muy variados los

tipos de pobreza y variados deben ser los enfoques, sin

menoscabo de una política global de empleo, salarios y

seguridad social, trípode indispensable en la lucha contra

la pobreza.

Junto a la pobreza económica subyace un problema educacional

de enorme magnitud. El promedio de años de

educación es en América Latina de 5,2. El 50% de los

niños repiten el primer grado, y hay una tasa de repetidores

de 30% en los grados siguientes. Un niño latinoamericano,

según B. Klisberg, permanece siete años en la escuela,

con los que concluye sólo cuatro grados.

Por ello, la prioridad en esta lucha contra el subdesarrollo

en A.L. pasa por la necesidad de mejorar el nivel educativo

de la población en especial una educación para el

trabajo. La ausencia o la escasez de «cuadros medios»

calificados en A.L. es unos de los factores que explican la

situación actual. En ello están empeñados actualmente la

CEPAL, la NNUU y los propios países. Si esta política se

lleva a cabo con amplia cobertura, y por otro lado se

logra estructurar la deuda externa, que ahoga actualmente

a casi todos los países y se obtienen precios justos de los

productos de exportación latinoamericana se habrá dado

el gran salto que todos esperamos.

El hambre secular, que vienen afectando a una vasta zona

de América Latina (no es la única) desde hace generaciones,

transmitiéndose de padres a hijos, está agravada por

la aparición de desastres naturales (terremotos, inundaciones,

volcanes, etc ), que se repite cada cierto tiempo

sin dar tiempo a su recuperación, y que hunden periódicamente

a ingentes grupos humanos en la miseria.